Mamada mientras dormía

Tenía yo alrededor de 19 o 20 años aproximadamente. Hace unos 5-6 años. Estaba en mi máximo apogeo de fiestas, mi hígado aguantaba bastante licor, y por ende, estaba en auge físico: era delgado, no iba al gimnasio pero tenía mi cuerpecito, delgado, simpático y blanco.
Se arma el viaje a una de las playas más lejanas con mi mejor amiga, su novio y tres amigos más de él, y mi mejor amigo – en ese entonces. Todos nos conocíamos, pues desde que arrancamos de la capital, íbamos bebiendo licor y escuchando música a todo volumen. Nuestro destino era una casa, o mejor dicho un ranchón, para pasar sábado y domingo, bebiendo hasta que nos pusiéramos morados.
Llegando a dicho lugar, nos recibió el hijo de los dueños de la casa: Rafael. Con la pésima noticia que sus padres se habían llevado la llave de la casa, por lo que no podríamos entrar ni a la sala, ni a la cocina, ni a las habitaciones. En fin, no podíamos regresarnos, así que ya con nuestras buenas cervezas dentro, decidimos quedarnos en la costa, siempre enfrente de la casa, bajo un pequeño ranchón.

Para mi sorpresa, Rafael estaba bien bueno. Un muchacho como de sus 22 años de edad, alto 1,75m, moreno, recio, atlético y una cara muy simpática, un poco indígena, pero con su estilo fresón.
Todos sabían que mi mejor amigo y yo éramos gay, por lo que no habría ningún problema. Pasó la noche, seguimos bebiendo. Al notar que se había acabado el vodka, decidí clandestinamente con unas botellas de ron barato que había traído, meter el licor en la botella de vodka; puesto que sabía que muchos no iban a seguir tomando si se daban cuenta que sólo había ron barato.
La noche transcurrió, recuerdo que llovió un poco, pero para ese entonces todos ya estábamos en plena costa haciendo nuestros escándalos bien borrachos. Uno de ellos creo se fueron a buscar más licor, pero el viaje fue en vano.

La noche de bebedera terminó, e inconscientemente todos caímos dormidos en la arena, a como duermen los pingüinos, todos juntos. Repentinamente, yo me despierto. No recuerdo la hora pero no había amanecido. O qué sabemos, quizás eran apenas las 10pm, ya que desde las 11am veníamos bebiendo sin cesar. Veo que mi mejor amigo está despierto también. Y me hace señas con unos ojos lujuriosos viendo lo que había a su alrededor. 5 hombres desmayados etílicamente, algunos sin camisa y en calzoneta, descalzos. Él comenzó a tocarle suavemente al que tenía más cercano, debo decir al más flaco y más feo.

Mi sorpresa fue ver que casi a la par mía estaba el pie de Rafael. Siendo yo un fetichista de los pies, comencé a frotar su dedo gordo para removerle la arena y posteriormente a lamérselo.
Debo decir que los nervios me tenían controlado. Quería ir a más al ver que mi amigo con mucha confianza frotaba con su mano la polla del otro por encima del short.

Seguí mamándole el dedo gordo, mis manos ya iban buscando cómo tocarle las peludas piernas e ir introduciéndolas por dentro de su short. Hasta que desgraciadamente uno de los demás, se despertó de la nada. Aunque no vio nada, y se volvió a dormir, nos limitó en seguir haciendo lo que estábamos gozando y nos volvimos a dormir los dos. Bueno…. Yo,.. Mi amigo no sé.

Llegó la mañana y todos con una cruda de la patada. No teníamos agua potable para beber. Ni licor para quitárnosla. Fue la peor cruda de mi vida.
Al parecer sólo habíamos dormido 1-2hrs. Estábamos aún enteros. Mientras veíamos la posibilidad de regresarnos a casa o quedarnos, siempre y cuando se comprara más licor, Rafael, cansado y desvelado, se montó a la camioneta a dormir.

Minutos después, mi mejor amiga se fue con su novio y las demás personas a buscar licor en la otra camioneta. Nos íbamos a quedar. Pero esta vez yo me quedé solo en las afueras del ranchón con Rafael en la camioneta, mientras ellos podrían tardar hasta horas hasta encontrar una licorería.
Mi brama todavía seguía. Quería al menos darle una mamada. Se la merecía de tan guapo y cansado que estaba.

Una vez solo con él, ingresé a la camioneta. Mi emoción fue verlo acostado, sin camisa, con las piernas abiertas dejando que su short mostrara sus piernas abiertas, casi mostrando su miembro.
Descubrí que se había quitado su boxer, o sea, estaba sólo con la calzoneta puesta. Inmediatamente tomé el boxer y lo inhalé como si fuese perico. Olía a sal de mar con un poco de líquido pre seminal y arena.

Observé bien mi territorio, de cómo iba a dirigir mi maniobra para sacarle el miembro. Desde el asiento de pasajero de adelante, comencé a tocarle suavemente las piernas, esta vez debía ser un poco más rápido si quería polla. Seguía inconsciente!! Por lo que no dilaté en meter mi mano bajo su short, en su entrepierna y comenzar a masajear ese delicioso miembro.

Minutos no dilaté al sacárselo. Estaba flácido, aguado, ni medía sus 8cm, pero era un poco grueso y estaba llenísimo de líquido pre seminal. Embadurné mis dedos de esa sustancia para probarla poco a poco. Sus huevos eran gigantescos. Todo el miembro moreno, con vellos púbicos no tan osados pero sí varoniles y bien cortados.

Me fui agachando, la posición era incómoda, no tenía el valor de quitarle todo el short porque después no podría como ponérselo de vuelta, por lo que me conformé a pegarle una mamada con la verga flácida, salida desde el orificio que dejan los shorts en su entrepierna,

La polla de Rafael estaba salada, pero nada desagradable. Tenía ese sabor también a semen que a veces tiene sabor peculiar, digno de tragar. Succionaba suavemente y él ni siquiera se movía, por lo que me daba más seguridad en seguir cortejándole la polla.

Sin embargo, la verga no se ponía erecta. Seguía en su estado flácido de una polla incircuncisa, aunque seguía generando líquido pre seminal. Pasé como unos 18min mamándole el rabo, hasta que mi sorpresa fue que en un cerrar de ojos, levantó su brazo derecho, lo sujetó contra mi cabeza, y fue que estaba expulsando chorros de leche en mi boca. Sorpresa mía, ni siquiera había abierto los ojos.
Ya estaba contento, me logré masturbar a lo que me vine rápidamente con semejante escena, me encargué de limpiarle cualquier residuo y colocar su paletón de vuelta a su guarida. No se dio cuenta!

No obstante, mis amigos sí. Me tomaron por sorpresa cuando ya había terminado al verme dentro de la camioneta. Sabiendo de cómo soy yo de pervertido y el hombre casi desmayado, solos, pero sólo se pusieron a reír y hasta donde es la fecha creo que Rafael nunca se dio cuenta. Aunque le hayan contado, no importa, nunca más lo volví a ver.

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